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Hay una fuerte derrota cultural de CFK

lunes, 28 de octubre de 2013

Hay una fuerte derrota cultural de CFK – 28 de octubre 2013


Esta vez la responsabilidad de Cristina como mariscal de la derrota es mas grave porque apareció un quiebre cultural y el tan negado fin de ciclo.
Ayer la inmensa mayoría del pueblo argentino confirmó el fracaso de su estilo de conducción maltratador hacia adentro y hacia afuera de su tropa y de un nivel inédito de concentración del poder.
La ausencia de la presidenta dejó a sus ministros girando en falso, sin saber hacia donde ir, tomando medidas contradictorias, con extraños niveles de autonomía y con una actitud menos agresiva. Parecían más herederos de Fernando de la Rúa que de Cristina. Son los costos que hay que pagar cuando no se deja que florezca ninguna flor y cuando se elige la fidelidad y el verticalismo a la capacidad y la eficiencia. 

Suele decir Alberto Fernández (la tercera pata de la mesa del poder matrimonial durante años) que la presidenta castiga a aquellos que tienen la osadía de expresar alguna disidencia por mas suave que sea. Son condenados a la Siberia y a una catarata descalificadora y permanente del oligopolio mediático que edificaron con nuestros dineros.
Su política de fabricar enemigos a toda hora como una manera de construir poder también se vino a pique pese a que encontró justificación ideológica en los libros neopopulistas de Ernesto Laclau. En realidad su autoritarismo no viene de los libros. No es una actitud racional y militante. Tiene tres vertientes menos heroicas. 

La generacional, que en los setenta le ponía apellido a la democracia (burguesa, partidocrática, etc) pero que no creía en sus valores profundos, la territorial que los transformó en señores feudales y patrones de una estancia propia llamada Santa Cruz, y la personal surgida del carácter tanto de Néstor como de Cristina, incapaces de cosechar amigos o lealtades mas allá de la subordinación de la política. Siempre eligieron ser temidos a ser queridos. 

Eso fracasa porque todos los nuevos liderazgos que surgieron en las urnas son la contracara del estilo de Cristina. Tanto Massa, Macri, Binner, Cobos, Scioli si califica y hasta Capitanich tienen una matriz mas dialoguista, sin afiliarse a la lógica perversa que solo divide el mundo entre amigos y enemigos.

La composición social del voto es también un daño terrible al relato presuntamente progre nacional y popular. Massa en la provincia ganó en lugares del Conurbano donde solo es posible hacerlo con un gran respaldo de, por lo menos, un sector popular entre los habitantes más necesitados. Massa no es un fenómeno de derecha clase mediera y cacerolera. Es el capo de una nueva generación de peronistas que aprovechan el poder que nace de esa democracia de proximidad llamada intendencia. Y Néstor tampoco es Perón.

A tres años de su fallecimiento no se registra su foto en las casas de los mas pobres como ocurrió con el general y con Evita. Cristina fue votada por fragmentos de trabajadores y excluídos y por eso llegó al 54% de los sufragios en el 2011, pero no se instaló eternamente en el corazón de los humildes. Néstor y Cristina son una referencia para militantes neofrepasistas y peronistas impresentables que necesitaban una locomotora que los empujara. Es difícil que el kirchnerismo supere el desafío y no se diluya en la historia como le pasó al menemismo y el duhaldismo. No hubo posibilidades de organizar un acto por Néstor realmente masivo y la celebración del 17 de octubre fue módica en presencia y sin llegar al mínimo acuerdo de un orador que los representara.
No solo hay fin de ciclo. También hay un nuevo proyecto de liderazgo que en 120 días sacó más de 4 millones de votos en la provincia y se convirtió en el candidato mas apoyado en las urnas. La autoestimulación que generó el Frente para la Victoria con un Amado Boudou exaltado de mentirita resultó patética. Una mueca propia de entierro de carnaval. Es cierto que en el 2009 también se anunció erróneamente que terminaba la etapa K del peronismo.

Pero esta vez es distinto. Porque no hay posibilidades de que Cristina sea candidata y no existe nadie medianamente confiable para el núcleo duro que los represente en la competencia electoral. Hoy el kirchnerismo pinta mas para un partido de cuadros que de masas. Para un círculo cerrado que ahorrará años pero que difícilmente vuelva al poder después de 2015. Han sembrado mucho odio y división. Justo ahora que 7 de cada 10 argentinos reclaman todo lo contrario. Por eso Massa es el gran ganador y Cristina la gran perdedora.

Alfredo Leuco

Periodista. Cordobés, hincha de Boca y Talleres. Columnista de Bravo.continental y del diario Perfil.Conductor de “Le doy mi palabra” por canal 26.

Ella, la mariscal

lunes, 12 de agosto de 2013

Ella, la mariscal

Algo muy fuerte pasó este domingo, pero la Presidenta no escucha ni quiere escuchar.

La batucada de Sergio Massa fue una editorial construida con cantitos: “Y ya lo vé/ y Ya lo vé/ es para Cristina, que lo mira por Tevé”. Es que la Presidenta de la Nación fue claramente la Mariscal de la fuerte derrota que sufrió ayer el Frente para la Victoria. Los resultados indican que se trató de la peor actuación tanto a nivel nacional como en la provincia de Buenos Aires desde que Néstor Kirchner llegó al poder.
El cristinismo sacó menos votos que el kirchnerismo en el 2009. Y se perdieron provincias impensables en otros tiempos. Y como si esto fuera poco, la Presidenta tiene una gran porción de responsabilidad, porque ella fue la que tomó todas las decisiones. Puso el cuerpo y recibió un voto castigo mucho más fuerte del que todos imaginaban.
Ella fue la responsable de la mala praxis de los últimos tiempos en el Gobierno. Del cepo odioso e ineficaz, de los impuestos al trabajo, de tolerar altísimos niveles de corrupción y de fomentar el autoritarismo perseguidor hacia todo el que no piensa como ella. Nadie mas que ella fue la que resolvió designar a Cesar Milani al frente del Ejército, pactar indignamente con Irán, bancar a Guillermo Moreno y a Luis D’Elía o aceptar la sociedad corrupta con Lázaro Báez. Fue ella la que encabezó la ofensiva para domesticar a los medios de comunicación y a la justicia. Y finalmente, fue Cristina la única responsable de haber designado a candidatos de muy mala respuesta electoral como Martin Insaurralde, Daniel Filmus, Juan Cabandié, Norberto Yahuar, Jorge Obeid o los muchachos de La Cámpora para hacer un papelón en Santa Cruz.
Nadie la obligó a retar a todo el mundo y a robarle una foto al Papa al que no podía ver y combatía cuando era el cardenal Jorge Bergoglio. Ella sola se fue aislando hasta quedarse con los más verticalistas y obsecuentes. Muchos dicen que su gobierno o desgobierno fue derrochando el capital político que había construido su marido.
Ayer, su caída electoral tan pronunciada terminó sepultando los restos del intento de reelección y tal vez, si no reacciona a tiempo parecer haber llegado el final para su conducción política que a todas luces fue caprichosa y equivocada. Se cansó de gritarle a los pocos que se atrevieron a sugerirle alguna crítica, se dedicó a expulsar a los que se permitían dudar y se creyó la dueña de la verdad, una soberbia que las multitudes suelen no perdonar.
Anoche en su discurso, como es su costumbre, tuvo cero autocrítica y no reconoció un solo error. Filmus perdió porque los porteños son gorilas, Insaurralde porque era un desconocido y el pueblo se tiene que hacer cargo de los errores que comete como por ejemplo no votar a las listas que ella dibujó casi en la soledad de su despacho.
Es verdad que falta mucho, que recién el 27 de octubre se definirá la distribución de diputados y senadores, pero, desde el punto de vista político, el cristinismo retrocedió varios casilleros, pese a que Horacio Verbitsky vaticinó un 35% de los votos.
Ayer soplaron vientos de cambio en casi todo el territorio nacional. El oficialismo nacional perdió en ciudades y distritos en donde siempre ganaba. Hay un llamado fuerte de atención. Un tirón de orejas fenomenal a la Presidenta de la Nación. Un cambio de época. La consigna de Cristina fue que en la vida hay que elegir y más de 7 de cada 10 argentinos eligieron votar cualquier otra lista que no tenga nada que ver con ella.
Algo muy fuerte pasó este domingo. Perdieron los dos aparatos más  poderosos de la Argentina, el que comanda Cristina en la Nación y el que conduce Scioli en la provincia. Hubo 91 intendentes que apoyaron a Insaurralde y quedaron colgados del pincel por culpa de Cristina.
Las urnas expresaron un hartazgo por tanta altanería y tanta incapacidad para gobernar. Fue una suerte de grito al oído de una Presidenta que no escucha ni quiere escuchar. Fue una típica actuación de un mariscal de la derrota.
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