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Editorial de Susana para los afectados por el temporal

martes, 9 de abril de 2013


Editorial de Susana para los afectados por el temporal.


Susana Giménez publicó en el nuevo número de su revista una editorial, refiriéndose a losafectados por el fuerte temporal que se desató en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y la provincia de Buenos Aires, dejando como saldo en total cerca de sesenta muertos y muchas personas evacuadas, especialmente en La Plata.
La diva, que desde siempre realiza una importante tarea filantrópica, publicó un texto cargado de emoción, aunque no exento de críticas hacia la clase dirigente.
En estos días tan intensos y dramáticos que estamos viviendo, frente a tanta pérdida y tanto dolor, quisiera rescatar una verdad que me consuela: los argentinos somos solidarios. A los argentinos nos importan los demás, hemos demostrando tener lacalidad humana que se necesita. Y algo más importante todavía: esa juventud que es el futuro y que pensábamos desganada, desorientada y con falta de valores, nos ha demostrado que tiene y puede expresar los mejores sentimientos. Es absolutamente conmovedor ver cómo trabajan organizados y sin descanso para ayudar.
En medio de tanta tristeza esto tiene que reconfortar nuestros corazones. Cuánto mejor sería nuestra realidad diaria si encontráramos la forma de mantener viva esta emociónque sentimos hoy, tenemos que lograr que no sea compulsiva, que perdure. Cuántomejor podría ser este país maravilloso si alimentáramos más el amor y menos el odio, si comprendiéramos que juntos y unidos somos invencibles, que este es el camino. Esta última semana fue para mí y para casi todos con los que he habladoimposible ver los noticieros sin llorar, sin sentir unas ganas irrefrenables de salir a dar una mano.
“No están solos” es el mensaje que trasmiten los voluntarios y quizá con esto no se logre devolverles a los damnificados lo que perdieron, mucho menos las vidas de sus seres queridos, pero espero, estoy segura, que además de las provisiones, les llevara un poco de calor a sus almas y no es poco. El amor es el mejor antídoto frente al dolor, al resentimiento, al egoísmo, a la indiferencia y no cura solamente a los que están sufriendo, también reconforta el alma a los que tienen la capacidad de demostrarlo.
Esta tragedia meteorológica ha desnudado muchas falencias que ya todos conocemos, la solución está en manos de los que toman las decisiones. Dios quiera que se iluminen para encontrar el camino, pero también hay una parte que noscorresponde y es la de no ser indiferentes, porque las tragedias siempre castigan a los que menos tienen y a ellos les resulta mucho más difícil ser escuchados. Debemos ser guardianes de un cambio profundo, exigir que los gobernantes trabajen en conjunto, sin mezquindades, pensando en la gente más allá de los meritos de su propia gestión. Es la única manera de salir adelante.
Desde aquí, todo mi cariño y mi solidaridad con la gente que está sufriendo y el más profundo de mis agradecimientos a todos los que con sus gestos me inspiran y devuelven la esperanza de conseguir el país con el que soñamos.
Con todo mi amor,
Susana Giménez.

Nueva víctima por el temporal y son 54


La Plata: juez Arias confirmó nueva víctima por el temporal y son 54


El juzgado en lo Contencioso Administrativo de La Plata constató que un hombre que no estaba incluido en el listado difundido por el ministerio de Justicia y Seguridad bonaerense murió como consecuencia del temporal, con lo que ascienden a 54 las víctimas fatales. 

El hombre, que murió en la vía pública, fue identificado como Edgardo Roberto Reguera, DNI 4.634.218 "y no estaba incluido en el listado oficial de fallecidos por el temporal del gobierno bonaerense", informó el titular de ese juzgado, Luis Federico Arias.

Esta mañana, la nómina oficial de víctimas había llegado a 53 tras el hallazgo de un cuerpo en avanzado estado de descomposición en la localidad de Los Hornos, partido de La Plata, que presumen sería el de Nilda Godoy, una mujer que estaba desaparecida desde el temporal del 2 de abril último.

Arias investiga más muertes por el temporal tras la presentación realizada por el Defensor del fuero penal de Responsabilidad Juvenil de La Plata, Julián Axat, a raíz de rumores sobre la existencia de un mayor número de víctimas a las reconocidas oficialmente por el gobierno.

Esta tarde, personal administrativo del Cementerio de La Plata impidió el acceso a la morgue al juez Arias.

El magistrado informó que "el responsable de la Morgue del Cementerio de La Plata negó el ingreso de los funcionarios judiciales asignados a las diligencias encomendadas en el marco de la presente causa, en la cual se investiga el fallecimiento y desaparición de víctimas del temporal" en La Plata.

Axat, quien solicitó la investigación sobre las víctimas, dijo a Télam que "el personal del lugar impidió que se lleve adelante una diligencia judicial que había sido dispuesta por el juez" Arias, incurriendo en "un grave delito".

"El fundamento de los trabajadores es que no tenían una autorización del ministro de Seguridad y Justicia, Ricardo Casal, y que por ello no podían permitir el acceso de la justicia, pero este hecho incurre en un delito penal, ya que se impidió el acceso al juez en el marco de una causa que se sigue", precisó.

Luego anticipó que harán "una denuncia penal, porque una autoridad administrativa no puede impedir el acceso a un lugar a un juez que viene desarrollando una investigación. Entendemos y así lo garantizan las leyes que si el acto judicial es válido y no ha sido frenado en forma judicial, no se puede impedir su realización".

"Desde el punto de vista legal va a implicar una denuncia a los responsables de haber impedido el acceso. Me imagino que habrá consecuencias penales muy severas", señaló. La requisitoria "se iba a realizar ya que recibimos muchas denuncias de gente que dice que hay muchos cadáveres en la morgue, y que hay un olor nauseabundo porque no están bien alojados, pero pese a eso no nos dejan entrar", explicó.

"A mi entender, esta posición tan enérgica de impedir el acceso genera todo tipo de sospechas, que son las que yo como impulsor de esta denuncia tenía al momento de presentar esta denuncia", señaló Axat.

Cadáver hallado en La Plata es de desaparecida durante temporal

Cadáver hallado en La Plata es de desaparecida durante temporal
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El cuerpo de una mujer fue encontrado sin vida en el barrio Los Hornos, víctima del trágico temporal ocurrido el pasado 2 de abril en La Plata y su zona de influencia.

Así lo confirmó subsecretario de Política Criminal e Investigaciones Judiciales bonaerense, César Albarracín, quien sostuvo que el cuerpo guarda las características de Nilda Godoy, una mujer de 65 años que permanecía desaparecida.

"Lamentablemente hemos hallado un cuerpo sin vida en Los Hornos producto de los diversos rastrillajes que estaba haciendo la Policía de la Provincia y tareas de investigación para buscar y dar con la persona desaparecida luego del temporal, que es la señora Nilda Godoy", explicó Albarracín en declaraciones periodísticas.

El funcionario, que aclaró que la identidad de la nueva víctima del temporal no estaba confirmada, indicó queel hallazgo del cuerpo se produjo en 134 y 69 cuando un grupo de vecinos realizaba tareas de desmalezamiento. 

Nilda Godoy, de 65 años, era buscada por su esposo Rubén Aguirre desde el fatídico 2 de abril. Ese día, ambos se tomaron de la mano y de una reja para resistir la correntada, pero la mujer no resistió y fue arrastrada por la corriente.

En tanto, en medio de las grandes dificultades y el dolor causado por el trágico temporal ocurrido una semana atrás, la ciudad de La Plata intentaba retomar su ritmo habitual, y algunos de los damnificados volvían a sus trabajos, mientras que los chicos retornaban a las clases.

No obstante, los trámites para recuperar algo de lo perdido, la basura que se acumula en las calles, la distribución eficiente de la ayuda enviada en forma solidaria por habitantes de otros puntos del país y la limpieza de los hogares, era uno de los múltiples desafíos que hora a hora seguía desafiando cerca de la mitad de la castigada población platense.

Durante la semana pasada, miles de habitantes se vieron abocados en forma exclusiva a tratar de reacondicionar sus hogares, desbastados por la tormenta.

También, las horas eran empleadas para buscar agua potable, comida, ropa, colchones y otros elementos indispensables para que las familias sigan en pie, en medio de un panorama desolador.

A partir de este lunes, el panorama comenzó a cambiar paulatinamente, al reanudarse el dictado de clases en las escuela y al abrir varios comercios, por lo que la vida en varios puntos del ámbito platense comenzó a ser más llevadera, mientras los habitantes retomaban sus trabajos.

Sin embargo, el ausentismo de alumnos y docentes sigue siendo importante en la mayoría de las escuelas, en varias de las cuales los directivos dispusieron la suspensión de los programas educativos para poner el acento en la contención de los chicos, ante el trauma vivido.

A partir de este lunes, también, aparecieron las largas colas de vecinos en dependencias municipales para tramitar los subsidios o créditos anunciados para los damnificados por parte del Gobierno provincial.

El paisaje de la capital bonaerense y sus alrededores aún mostraba montículos de muebles y otros bienes inutilizados por el agua, con una importante acumulación de basura.

Esa situación demandaba un esfuerzo doble de los camiones de recolección de residuos, que parecían no dar a abasto en los esfuerzos por empezar a normalizar la situación lo antes posible, especialmente con la perspectiva de nuevas lluvias para el próximo jueves.

Escándalo

lunes, 8 de abril de 2013


REALPOLITIK | 8 de abril de 2013
Por SANTIAGO ALBIZZATTI

¿Hasta cuándo piensan seguir mintiéndonos a todos?. ¿Hasta cuándo la clase política del municipio de La Plata va a seguir burlándose en la cara de su propio pueblo?. ¿Hasta cuándo vale la pena seguir sosteniendo que tan sólo han ocurrido 51 muertes?. ¿Hasta cuándo una de las ciudades más importantes del país va a seguir siendo manejada caprichosamente por tres hermanos inescrupulosos?.

Los argumentos del gobierno provincial y el municipal son simplemente insostenibles. Estamos en el siglo XXI, el de la información, pero las autoridades políticas y judiciales parecieran ser una generación espontánea recién traída de la Europa Medieval, convencidas que pueden engañar al pueblo cuándo así les convenga.

Desde aquí, quisiéramos calificar este artículo de otro modo que no sea el de “ESCÁNDALO”. El título resulta amarillista e irreconciliable, en un momento donde debiera imperar la calma y la solidaridad. Pero ¿Hasta cuándo se puede sostener el impune silencio que calla las muertes de tantos ciudadanos?. ¿En qué momento el silencio comienza a ser un crimen?. ESCÁNDALO es la única palabra que describe aquella sensación de ignominia que cae de madura cuando analizamos los siguientes datos:

1) En el año 2007 la Facultad de Ingeniería le alcanzó al intendente Pablo Bruera un plan de obras para prever inundaciones en La Plata. El intendente lo ignoró y, en cambio, se lanzó a construir cientos de edificios en todo el casco, obstruyendo en gran parte la capacidad de desagüe de la ciudad.

2) Más de seis ONG municipales y provinciales advirtieron, en numerosísimas ocasiones, los peligros que implicaba la oleada febril de construcciones que encabezó Pablo Bruera. Nadie los escuchó. Cuando los números del dinero giran, las razones se callan.

3) La máquina que debe dragar los arroyos de la ciudad, una retroexcavadora Caterpillar 320L propiedad del municipio de La Plata, está abandonada en Camino Centenario, a la altura de 511.

4) Desde la morgue de Quilmes confirman que han llegado cadáveres desviados desde La Plata.

5) En 13 y 42 vieron pasar varios cadáveres.

6) En Villa Elvira, los vecinos confirmaron al menos diez más.

7) En 25 y 37 apareció un cadáver junto a la planta baja de un edificio y otro debajo de un 206 gris modelo 2007.

8) Durante la tarde de ayer, trasladaban un cadáver por el Camino Centenario en la caja de una camioneta a plena luz del día.

9) Una mujer entrevistada el día 6 por Realpolitik (www.realpolitik.com.ar), confirmó que tuvo que enterrar a su madre (víctima de la inundación) en el cementerio municipal, donde vio “al menos 200 cadáveres apilados unos encima de otros”.

10) En Los Hornos, una mujer todavía busca el cuerpo de su bebé de cuatro meses, que lo arrastró el agua.

11) Los hospitales de la región confirman que las muertes superan en mucho los números oficiales. En los hospitales en donde se cortó la luz, tuvieron que oxigenar a mano a sus pacientes de terapia intensiva hasta encontrarles un lugar donde alojarlos. Varios murieron en el trance.

12) Las mismas autoridades sanitarias confirman que hay muchos que murieron de paros cardíacos, producto de la hipotermia y la desesperación, que no fueron incluidos en la lista.

13) Varias decenas de personas, en medio del caos, tuvieron que pedir un certificado de defunción a un médico particular y enterrar a sus familiares. Estas víctimas tampoco fueron registradas en la lista, dado que no intervino la policía.

14) El juez Arias sostiene que la policía dependiente del Ministerio de Seguridad maneja un listado de, al menos, 20 personas desaparecidas –con nombre y apellido-. Casal dice que sólo hay “una señora” desaparecida.

15) La policía científica difundió otros tres nombres que no están en el listado oficial.

16) En la morgue local hay otro NN.

17) Más víctimas fatales fueron registradas en la morgue de Gonnet.

18) En la zona del parque Castelli fueron encontradas dos señoras que nadie anotó en la lista.

19) La página web www.infopoliciales.com.ar confirmó que el 911 tiene un registro de 110 muertos confirmados.

20) La propia presidenta Cristina Fernández confirmó la muerte de una vecina de su madre, cuyo nombre tampoco figura en la lista.

La pregunta se sostiene. ¿Qué piensan hacer las autoridades con todos éstos datos?. ¿Alguien reparará en que estas muertes que se ocultan son de seres humanos que merecen ser velados?.

Hay más preguntas. Por ejemplo, si Pablo Bruera estaba en Brasil, ¿quién manejaba la crisis en La Plata?. ¿Pacharotti?. Nadie lo vio hablando en ningún lado. A Gabito Céspedes tampoco. Todos indican a Gabriel Bruera, hermano de Pablo, como el que maneja los hilos de la ciudad cuando éste no está. Pero Gabriel Bruera no puede hacer esto, dado que es legislador. ¿Será que en la ciudad de La Plata las decisiones las toma una familia, ignorando por completo las leyes municipales?. Esta manera de hacer las cosas ya nos costaron más de cien víctimas.

¿Hasta cuándo?. (www.REALPOLITIK.com.ar)

Los declaro a Mauricio Macri, Daniel Scioli, Cristina Fernandez y a Pablo Bruera, responsables de las muertes de 58 personas ahogadas en las inundaciones

Inundaciones: Barrio de Empalme Graneros Ciudad de Rosario / Ciudad Autónoma y La Plata - Buenos Aires / Argentina.

Yo, Carlos Francisco Gutierre, nací y me crié en este este barrio de Empalme Graneros, padecí junto a mi familia 5 inundaciones. Gracias a Dios fue combatido este flagelo por obras que oportunamente y después de mucha lucha vecinal, realizaron los distintos gobiernos de la Provincia de Santa Fe.  La última inundación fue la del año 1986, con una altura de casi 2  mts, yo ya no vivía en el barrio que me vio crecer, pero fui uno más de los tantos que solidariamente prestaron una mano a sus vecinos.

La gente había subido todos los muebles y artefactos eléctricos, la ropa y todo aquello que se podía, arriba de las mesas. Pero los vecinos jamás imaginarían que las aguas iban a llegar a semejante altura, en algunos casos llegó el agua hasta los techos, fue así que la mayoría de los elementos  descriptos  se perdió en su totalidad.

Jamás me voy a olvidar, y éste es el motivo por lo cual escribo la presente,  cuando la primer noche me metí en las calles inundadas y me encontré con aquéllos amfibios, (grandes lanchas con ruedas  y a motor),  manejadas por el ejercito argentino y que fueran traídas desde la Provincia de Misiones.

Había que ver con que rapidez sacaban a familias enteras atrapadas por las aguas, NO HUBO QUE LAMENTAR NINGUNA VICTIMA FATAL. Hoy, a casi 30 años de aquel acontecimiento, en la ciudad de La Plata, ciudad capital de la Provincia más importante de la Argentina, mueren 51 personas producto de la incapacidad de nuestros gobernantes, dígase, Gobierno de la ciudad Autónoma de Buenos Aires, Gobierno de la Provincia de Buenos Aires y el Gobierno del Estado Nacional.

Los declaro a Mauricio Macri, Daniel Scioli, Pablo Bruera y a Cristina Fernandez, culpables de asesinato múltiple siendo responsables de  la muerte de 57 personas que fueran ahogadas  sin que ninguna fuerza pública hiciera algo por salvarlas. Además, solicito que no se den ningún tipo de subsidios ni créditos bancarios a los damnificados. Qué las pérdidas materiales y humanas se paguen con los salarios de los mencionados anteriormente, más el de todos los funcionarios gubernamentales que fueran cómplices de estos políticos incapaces.

Será Justicia.-

Pérez Esquivel cargó contra los políticos: "Se tiran la pelota unos a otros y todos son responsables"

El Premio Nobel de la Paz aseguró que los dirigentes "están preocupados sobre la coyuntura, lo mediático y lo electoral, pero poco en resolver los problemas de fondo". 
El Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel se refirió hoy al accionar de funcionarios y dirigentes políticos tras el temporal que azotó a la ciudad de La Plata, la Capital Federal y el Gran Buenos Aires. “Están muy preocupados sobre la coyuntura, sobre lo mediático y lo electoral, pero poco en resolver los problemas de fondo”, aseguró.
Pérez Esquivel sostuvo que los dirigentes se manejaron “mal” y “sin prevención” ante el temporal. “En estos momentos, los partidos políticos se están tirando la pelota unos a otros y todos son responsables en esto, que viene de muy atrás”, aseveró en declaraciones a radio La Red.
Al mismo tiempo, fustigó a funcionarios y dirigentes porque “hay mucha política coyuntural, pero poco de cambios estructurales”.
En ese sentido, advirtió que "si no se toman medidas de fondo en forma urgente, estas cosas van a seguir ocurriendo". Por ello, exigió "poner un control al negocio inmobiliario irracional y ver qué hacer con esta masa poblacional que cada vez va a ser mayor".

Pablo Bruera fue denunciado penalmente por las inundaciones en La Plata


1RA ACTUALIZACIÓN. El intendente de la capital bonaerense es acusado de "homicidio culposo" y "violación a los deberes de funcionario público", por parte de un grupo de abogados que representa a vecinos y víctimas del temporal que provocó 51 muertes.

Un grupo de abogados platenses presentó este mediodía, en los tribunales platenses una denuncia penal contra el intendente de La Plata, Pablo Bruera, por la posible comisión de los delitos de “Homicidio Culposo y Violación a los Deberes de Funcionario Público” luego del trágico temporal que vivió la capital bonaerense la semana pasada y que dejó como saldo la muerte de 51 personas y miles de evacuados.

El pedido fue encabezado por el abogado platense Martin Leonardo Berasategui Ilundayn, quien explicó a Online-911 que representa a un grupo de letrados, vecinos y víctimas de las inundaciones y que alrededor de las 13 horas fue formalizada la denuncia.

“Denunciamos y solicitamos tanto al Dr. Condomí Alcorta y al Dr. Atencio -fiscal y juez en turno- que se investigue al intendente Pablo Bruera respecto a la responsabilidad que le pudiere caber en relación a los tristes acontecimientos recientes”, dijo Berasategui Ilundayn.

Además, agregó: “el intendente de la ciudad de La Plata debe velar por la seguridad, salubridad y la vida de los vecinos que para ello lo eligieron en sufragio. Surge claro que han existido omisiones muchas las cuales deben analizarse su encuadre típico, omisión de aviso ante la inminente tormenta, omisión de ejecución de obras que hubieran mitigado las consecuencias que hoy debemos sufrir los vecinos, omisiones de asistencia en tiempo adecuado y con los medios adecuados, todas estas omisiones deben investigarse”.

En ese marco, el abogado denunció que “la falta de mantenimiento de los desagües pluviales, junto con la aplicación del nuevo código de ordenamiento urbanístico, que le han quitado a la ciudad espacios verdes y de absorción, junto con bloqueos a la salida natural del agua por el efecto terraplén que provocan tanto el Estadio Ciudad de La Plata como la Autopista hacia la Ciudad Capital de la Republica Argentina” pudieron ayudar a magnificar la tragedia.

Además, el profesional advirtió que “existen estadísticas, hechos objetivos y estudios de distintas Universidades que denotan que los efectos devastadores por todos conocidos eran predecibles y por lo tanto prevenibles”.

En la denuncia de Berasategui Ilundayn también se pide que se investigue “la lentitud con la cual fueron socorridas las personas ante semejante desastre”.

Las vidas que se llevó la inundación, los rostros y las voces silenciadas

domingo, 7 de abril de 2013

Murieron más personas que en la tragedia de Once. Ancianos, amas de casa, un futbolista, un mecánico, una maestra, entre las víctimas. Historias de gente de trabajo. Y el recuerdo de la abuela Sofía, una de las primeras fallecidas.

Sofía, la abuela que sufría por las veredas rotas y había estrenado una compuerta
Sofía Nicola se alegró con la elección del Papa Francisco: “Tiene la sonrisa de un hombre sereno”, le comentó a su hijo, mientras tomaban mate en la cocina. “Y es de San Lorenzo, como yo”, agregó, pícara, sabiendo que su Albertito es de Vélez.
En Pascua pidió paella, rabas, papas fritas y un vaso de vino. El día estaba lindo para pasarlo en familia y hacer una buena sobremesa. La compuerta que le habían instalado dos meses atrás parecía infranqueable y los burletes estaban nuevos.
Se había enamorado de su marido en los carnavales velezanos.
Carlos trabajaba como cartero, en la época en que la gente sacaba las sillas a la vereda. Le gustaba pescar, así que llevaba a Sofía a lagunas bonaerenses y a Punta Mogotes, Mar del Plata.
Siempre vivieron en una casa de la calle Valdenegro y la avenida Balbín, en el barrio porteño de Saavedra, donde “El Polaco” Roberto Goyeneche calentaba la garganta.
Por una ventana a la calle, Sofía saludaba a los vecinos y miraba las horas pasar.
Hija de griegos, sorprendía con comidas que incluían trigo y hojas de parra, aunque también preparaba ensalada rusa, arrollados de pescado y milanesas con puré, sobre todo cuando recibía a sus nietos, Lucas y Tomás.
Tenía 81 años, la memoria de una biblioteca y la paciencia de los diabéticos para aplicarse diariamente la insulina.
Alberto, radiólogo del Sanatorio Mitre, le regaló un bastón, pero ella nunca lo usó: “Vos llevame al banco a cobrar la pensión y dame el brazo en la vereda que yo, despacito, camino. Lo único que me da temor son las veredas, que están hechas un desastre”.
Se quejó también de las raíces de los árboles que rompen las baldosas, pero no le dieron bolilla, había otras prioridades.
Ella había visto en Discovery Channel un programa dedicado a las obras hídricas, túneles y represas necesarias para encauzar arroyos y contener tempestades. Estaba cansada de los noticieros, y más desde que empezaron a difundirse robos a ancianos.
Encendió la radio, que la devolvía a un pasado sin viudez, cuando bailaba con su esposo y se dejaba envolver por el ronquido asmático del bandoneón.
El otoño llegó y las hojas amarillas comenzaron a caer.
El martes pasado, por la compuerta y la ventana entró un río inesperado. Sofía fue una de las primeras víctimas fatales de la inundación. Un nieto la encontró con la heladera encima. Y el relato desesperado de su hijo Alberto ante Marcelo Longobardi, en medio del dolor, estremeció a los argentinos y se convirtió en un caso emblemático de una tragedia que se cobró demasiadas vidas.
“Dije lo que me salió del alma. Rogué a los políticos que dejen de pelearse por cosas ridículas y se unan para prevenir estas situaciones. Hubo negligencia: hace 30 años que esta zona se inunda y en todo este tiempo se hizo poco y nada. Vinieron a mostrarme fotocopias de un canal aliviador que no avanzó ni un metro. Mi pregunta es: ¿en qué lugar está la vida?”, dice Alejandro a Clarín, el viernes, apenas terminada una pericia fotográfica en la casa materna. Vacía.
Pablo Calvo
Ricardo había alertado sobre la vulnerabilidad de su barrio
Vio que el agua venía, que bajaba con fuerza. Era de noche, casi las tres. Buscó la compuerta que tenía para tormentas fuertes. Se dio cuenta de que no: que esta vez no iba a ser suficiente. Entró: llamó a su mujer, a su hija mayor. El agua afuera era un río feroz. Eran las tres y cuarto. “Me dijo ‘estamos perdidos porque el agua pasa la compuerta. Perdemos todo: a mí me va a dar un infarto, yo no soporto esto’. Se cortó la luz y no lo soportó. Se me cayó en los brazos. Con los muebles flotando alrededor. Llamamos a todos, el Same me decía quédese tranquila, que no podemos hacer nada. Ricardo estuvo una hora y media agonizando. Y se me murió a las 5. El primer médico que vino a verlo llegó recién a las 11. No me saco esa imagen de la cabeza”.

A Elizabeth Dorna le tiembla el cuerpo. “Mi marido no figura en ninguna lista porque no murió ahogado. Nos excluyen de cualquier derecho a reclamar”, se queja, apenas, se enoja un poco más. Ricardo Caporale murió como ella lo relata: en sus brazos, en la tormenta del martes último, en su casa de la calle Plaza al 4500, frente a las vías del Mitre, en Saavedra. Todo el barrio llamó para que alguien viniera a ayudarlo. Pero la ayuda llegó ocho horas tarde, después de que Jesica, la mayor de sus tres hijas, corriera a una ambulancia que siguió de largo y saliera a buscar policías sobre el terraplén que está frente a su casa. “Fue inhumano. En la Metropolitana nos dijeron que no tenían a nadie capacitado para reanimar a un hombre que estaba agonizando. Y mientras llamábamos tratábamos de socorrerlo para evitar que se ahogara. Es increíble”, dice.

Elizabeth y sus hijas se sienten indefensas, abandonadas. Invisibles. Dicen que todavía nadie se acercó a ayudarlas. Que no recibieron contención psicológica. Que Ricardo ya había denunciado que el túnel de Arias, las obras del shopping DOT y Tecnópolis habían dejado al barrio en una situación vulnerable frente a las inundaciones. “Cada vez que había tormenta él no dormía, era el encargado de avisar en la cuadra que movieran los autos, que todos estuvieran alerta -cuenta Jesica-. Y ahora ni siquiera pudimos cumplir lo que él quería, que era que lo cremen y lo lleven a la cancha de Platense. ¿Quién va a hacer las obras para parar esto? ¿Cuándo? ¿Cómo vivir así, esperando, temiendo, cuando caigan unas gotas? La desesperación que vivimos fue y todavía es de un dolor insoportable. Y ese dolor no se nos va a ir nunca más”.
Romina Smith

Orlando Logiurato
50 años
Trabajaba en la Subsecretaría de Salud Mental y atención de adicciones de Buenos Aires. También se desempeñaba en el Hospital Reencuentro, donde lo consideraban un referente en los grupos de autoayuda en adicciones. Era aficionado al campo y se dedicaba a la crianza de caballos. Murió eletrocutado cuando su casa se inundó.

Jorge Luis Barnetche
55 años
Era mecánico electricista que desde hace 30 años tenía un taller en el Barrio de la Calle 37. El día de la tormenta una de las camionetas que le había dejado un cliente fue llevada por el agua, él intentó rescatarla, pero al hacerlo lo arrastró el caudal de agua embravecida y su cuerpo fue encontrado cuatro cuadras abajo.

Cristian Mendoza
19 años
Originario de Caaguazú, Paraguay. Su familia había venido a Argentina para el tratamiento médico de su abuelo que era diabético. Cuando el agua subió más de un metro y medio, él y su familia subieron al techo, sin embargo, se derrumbó y él junto a su abuelo fueron arrastrados por el agua.

Enrique Salinas 
90 años
Era mecánico de aviones y estaba jubilado de la Aeronáutica. Vivía en la Calle 30. Como su casa ya había sufrido inundaciones construyó una compuerta extra. La noche de la tragedia, cuando comenzó a subir el nivel del agua, intentó abrir esa puerta, pero murió. Su esposa, estremecida, lo acompañó hasta el último instante.

Jorge Colautti
80 años
Cuando comenzó la tormenta, estaba en su casa, al cuidado de su nieto. Preocupado, quiso llevarlo a la casa de sus padres, pero la corriente lo desestabilizó en la Calle 36. Intentaron rescatarlo, fue imposible. Lo despidieron con un mensaje conmovedor: “El Abuelo que entregó la vida por su nieto”.

Esteban Ezequiel Monjes
21 años
Trabajaba como albañil. Era padre de un niño y su esposa está embarazada de su segundo hijo. Vivía en la zona de 138 y 526. La noche de la inundación fue tragado por el agua. Lo encontraron horas más tarde en el Arroyo “El Gato”.

Josué Suárez Salazar
23 años
Había nacido en Lima, Perú. Migró de su país hace seis meses, para ayudar a su familia. Trabajaba en la capital bonaerense como albañil. Estaba viviendo en una casa en construcción, que él cuidaba por las noches. Cuando el agua invadió todo, tocó un cable y murió electrocutado. Fue encontrado en la misma casa, junto a su mascota.

Jorge Javier Díaz
30 años
Era futbolista, ex jugador de Estudiantes. Estaba viviendo en La Plata y jugaba el torneo del Interior. El miércoles pasado, fue a auxiliar a sus padres en la zona de 31 y 60, que estaba desbordada. Pudo salvar a su mamá, pero cuando intentó sacar de la casa a su papá, fue arrastrado por la corriente.

Amilcar Vicente Scarlan
65 AÑOS
Era dentista integrante del Colegio de Odontólogos de la Provincia. Quiso ayudar a otros inundados. Tras la tormenta, su imagen circuló por Internet porque estaba desaparecido. Su cuerpo fue hallado en la calle 49 entre 17 y 18.

Antonio, electricista del subte
Era oficial electricista, comenzaba a trabajar a las 6 de la mañana y murió electrocutado. Era peronista, hincha de Boca, le gustaba hacer chistes y trenzarse en discusiones políticas. Le decían “El Viejo”, por las canas, pero tenía muy buena relación con los jóvenes. Dejó tres hijos y una compañera que lo acompañaba en sus vacaciones por el norte argentino y Brasil. Había trabajado en el mantenimiento de barcos, pero en 2003 se incorporó al subte porteño. Sus compañeros lo recuerdan por su capacidad, su actitud de polemista y solidario.

Anahí Posse
65 años
Vivía en la Calle 26. Era profesora jubilada. Impartió clases en el Colegio Benito Lynch. Ella y su esposo salieron de su casa porque el agua alcanzó más de metro y medio.En la calle fue arrastrada por la corriente. Sus alumnos se despidieron con mensajes como este: “Gran persona y gran docente”.

Las desidias políticas se pagan con vidas-


Las desidias políticas se pagan con vidas-

Por Pablo Sirvén | LA NACION
Las feroces tormentas y sus consecuentes inundaciones, que azotaron primero a la Capital Federal y al conurbano, con un saldo de seis muertos, y luego a la ciudad de La Plata, con un terrorífico balance de 51 víctimas mortales, fueron el tema excluyente en estos días.
Lo que parecía, al principio, una desaprensiva "fiesta" de las usinas K contra la "desidia" de Mauricio Macri, cuando el meteoro se concentró sobre la Capital Federal, trocó en un día en tragedia más austera al extenderse el temporal al primer estado argentino, donde se concentra el mayor caudal electoral del kirchnerismo.
Los acontecimientos extremos sirven para mostrar sin anestesia lo que la cotidianidad diluye y lleva a un terreno más solapado. Caen las caretas y se distinguen con más precisión las buenas acciones de las malas. Los que actúan con sinceridad, buena fe y sin tratar de sacar provecho y los que lo hacen con oportunismo y echando barro al contrario, mientras disimulan sus propias falencias.
Resultó paradójico que desde la TV Pública un valiente Juan Miceli dejara en evidencia el grosero partidismo del diputado Andrés "Cuervo" Larroque al frente de rescatistas con la pechera de La Cámpora. Su prepotencia al responder desnudó su sentimiento de culpa mal elaborado.
Anteayer, a primera hora de la tarde, Alfredo Leuco, por Radio Continental, llamaba la atención sobre la ausencia de una cadena nacional en circunstancias tan dramáticas, cuando se la ha usado para los anuncios más superfluos. A última hora de la tarde, ya sobre el filo del fin de semana, varios días después de la tragedia, la Presidenta anunció paliativos para los damnificados a través de ese sistema. Llegó cuando ya venía actuando una mucho más expeditiva cadena de solidaridad de la sociedad civil, cuyo conmovedor protagonismo sobrepasó en mucho las caras de circunstancia, los justificativos y la inoperancia de funcionarios nacionales, provinciales y municipales abucheados. Ahora quedó más claro que la mala asignación de recursos se paga con vidas.
Los intentos de demolición permanentes contra el gobierno porteño, que encuentran su mayor grado de virulencia en las redes sociales y en los medios adictos al kirchnerismo, que lo critican desde todos los ángulos posibles -C5N y América se destacaron por su militancia-, volvieron a pegar con mayor fuerza el martes. El "efecto marabunta" quedó más al descubierto que nunca. Se vio en crudo para qué sirve en verdad la ley de medios y por qué se colonizan con tanta devoción emisoras de radio y TV.
Los operadores -desde ministros a tuiteros anónimos- no repararon en que la gravedad de la desgracia climática exigía esta vez un grado superior de decoro y necesitaba unir esfuerzos en la emergencia, antes que buscar la roña habitual que hemos visto en episodios anteriores (basura, subte, Metrobus, etcetera).
Atroz contraste: arriaron rápidamente esas banderas y se volvieron comprensivos cuando la catástrofe cambió de jurisdicción y se desató más dantesca. La tragedia platense calmó un poco a esas fieras. Sólo entonces las coberturas se volvieron más lineales y respetuosas, aunque ayer ya estaban escandalizados de vuelta porque Macri jugó al fútbol.
La factura que, además, le pasaron al jefe del gobierno porteño por estar de vacaciones fuera del país también les llegó a otros funcionarios que revistan en la misma vereda del gobierno central (el intendente de la capital bonaerense, Pablo Bruera; el vicegobernador Gabriel Mariotto y la ministra de Acción Social Alicia Kirchner) y que estaban muy lejos de las zonas de desastre.
Como en un toma y daca, el "presentismo" que se le exigía a Macri terminó siendo aplicado también a figuras nacionales. Ante la ausencia de protocolos eficaces para emergencias de este tipo y dada la casi nula tarea en obras de infraestructura para evitarlas o, al menos, acotar sus daños, se apeló, una vez más, a la aspirina y no a la medicina de fondo, de procurar aliviar a los afectados y al público conmovido, con la mera presencia casi exclusivamente testimonial y mediática de funcionarios emblemáticos. Suerte de espejitos de colores vivientes que saben más prometer que hacer, apenas un acompañamiento que enseguida se disipa, más virtual y psicológico que concreto.
Sea porque a la Presidenta la conmueven especialmente las inundaciones -hay que recordar que también se calzó las botas cuando sucedió el desastre de Tartagal, en 2009-, porque en Tolosa vive su madre (y el agua llegó hasta la puerta de su casa) o porque su instinto de política avezada le dictó que tenía que hacer acto de presencia, aun cuando no lo hizo en las tragedias de Cromagnon y de Once, el hecho fugaz y pintoresco sirvió para la foto y el video de ocasión que incluyó, con esfuerzo, a Daniel Scioli, en una tregua a la guerra fría que los separa.
Hubiese sido más tranquilizador y útil que Cristina Kirchner hubiese convocado a un comité de emergencia, integrado por los mandatarios con influencia en las zonas afectadas y con sus ministros para, más allá de los socorros inmediatos, fijar fechas y objetivos de las obras cruciales postergadas que se deben hacer cuanto antes. No sucedió. Ergo, el futuro vendrá con más nubarrones..

Tragedia política


Tragedia política

El desastre mortal en Buenos Aires y La Plata hay que explicarlo también desde la crisis de liderazgo.


La tragedia desencadenada a partir de las inundaciones producidas por las torrenciales lluvias del martes de 2 abril son consecuencia de los cambios climáticos que vive el mundo y agravadas, en este caso, por la abundancia de las miserias que pueblan el paisaje político del poder en la Argentina. Pocas veces como en ésta, la condición de enemigos con que trata Cristina Fernández de Kirchner a Mauricio Macri y a Daniel Scioli tuvo tanto que ver con las circunstancias que agravaron la dramática situación. La falta de avales en un caso y la demora en otro, para la realización de las obras de los arroyos Vega y Medrano constituyen una realidad innegable.
La actitud del martes del ministro Julio De Vido de chicanear a Macri y solazarse con su desgracia política cesó recién el miércoles, cuando el drama de La Plata crecía minuto tras minuto. El supersecretario de Seguridad exhibiéndose en la zona del Barrio Mitre con libre disponibilidad de la Policía Federal, la Gendarmería y el Ejército, sin ningún atisbo de coordinación con el Gobierno de la Ciudad, era la clara muestra de la intención kirchnerista de dejar solo a Macri. El problema mayor del Jefe de Gobierno porteño no fue que estuviera en Brasil, sino que la mayoría de la gente sintió el desamparo al que lo dejó su gestión. Su aparición en la conferencia de prensa del martes fue penosa. Lo primero que hizo fue querer poner a salvo su responsabilidad política, cuando lo que la gente estaba esperando era ayuda y más ayuda. Creer que con el monitoreo desde el centro de control en Chacarita alcanzaba fue un error de concepto. Se le decía a los afectados que todo estaba controlado, pero ellos no veían funcionarios, policías o alguien que les demostrara cercanía y acción.
Tampoco se lo vio por esas horas a Scioli. Los problemas en el Gran Buenos Aires fueron y siguen siendo graves. Hay quienes lo perdieron todo y tal vez nunca lo vuelvan a recuperar.
Déficit de infraestructura, falta de previsión, inadecuada planificación, ausencia de acción conjunta, capacidad de reacción demorada y lenta, chicanas, aprovechamiento de la catástrofe para castigar al adversario, son los elementos explosivos que potenciaron la dimensión del drama. Esa es la siembra de tempestades que ha venido estimulando Fernández de Kirchner en sus dos mandatos. Scioli y Macri comparten los defectos de la mayoría de la dirigencia argentina. A eso hay que agregarle que desde el kirchnerismo se busca potenciar esos defectos a fin de destruirlos a los dos. Por lo tanto, los problemas de sus respectivas gestiones se profundizan cada vez más, para alegría de la Presidenta y su entorno y para desgracia de la gente.  
Es difícil de-sentrañar los misterios de la lógica del pensamiento de  Fernández de Kirchner. Pide diálogo, pero habla con muy pocos de los suyos y nadie de la oposición. Reivindica su condición de Presidenta de todos y todas, pero demuestra preocuparse por unos y no por otros. El martes sólo se la vio y se la escuchó en el acto recordatorio del desembarco de las tropas argentinas en las islas Malvinas.
De paso, allí tampoco faltó el germen de la división, uno de los emblemas del kirchnerismo. Algunos ex combatientes fueron dejados de lado. Todos merecen igual reconocimiento. Parece que ese concepto es ajeno al pensamiento presidencial. Recién el miércoles, Fernández de Kirchner se abocó al tema de las inundaciones. Fue cuando se inundó La Plata. Antes, había mandado a De Vido a castigarlo a Macri.
La Jefa de Estado entonces visitó el barrio de Tolosa, en La Plata, porque allí vive su madre. Tolosa fue la zona más afectada por la tragedia, pero no fue la única. Después visitó el Barrio Mitre, en la Capital. Esa área fue muy castigada por el temporal, pero no fue la única. La Presidenta prescindió de la compañía de Scioli en un caso y de Macri en el otro. Al Jefe de Gobierno porteño, directamente ni lo llamó.
La sociedad argentina asiste así a una tragedia que se ve notablemente agravada por la tragedia política que hoy vive nuestro país. El área metropolitana que componen el Gran Buenos Aires y la Capital Federal constituye un conglomerado urbano de intereses y necesidades comunes que exige el trabajo conjunto de la Provincia y la Ciudad  con la coordinación y supervisión de la Nación. Esa labor mancomunada es parte esencial de la buena política, ausente de este presente que vive la Argentina.
Hoy lo que abunda es la mala política en donde casi todo se hace en función del relato. El apresuramiento del Gobierno para decir que la inundación en La Plata era un invento de los medios hegemónicos ilustra lo disparatado de creer que la realidad es producto, no de la contundencia de los hechos, sino de la manipulación de las palabras.
El problema de esa concepción es que se alteran profundamente las prioridades. Cuando lo que importa es el relato en pos de la búsqueda desenfrenada del poder total, lo que importa es la declaración altisonante para destruir al adversario y la profusión de propaganda para ensalzar lo propio. Es lo que intentó hacer el Gobierno con Macri. Es lo que quiso hacer el intendente de La Plata, Pablo Bruera, con su lamentable mensaje publicado en su cuenta de Twitter.
El drama de toda esta desastrosa conjunción es que quien siempre paga las consecuencias es la ciudadanía. Es lo que atestiguan las muertes de esta tragedia. 
 Producción periodística: Guido Baistrocchi.

Cristina, Macri, Scioli y Bruera, LEAN: Héroes anónimos en medio del horror

Héroes anónimos en medio del horror

Son simples vecinos que, a la hora de la tragedia, no dudaron en poner en riesgo sus vidaspara salvar la de otros. Muchos batallaron contra el agua y la tempestad, nadando en el mar bravío en el que se habían transformado las calles de La Plata. A caballo, sobre un carro; sobre un bote o atados a una manguera contra incendios a la cintura, sacaron lo mejor de ellos. Otros abrieron las puertas de sus casas a simples desconocidos para alojarlos, confortarlos y mantenerlos a buen resguardo. Luis, Liliana, Bruno, Juan Pablo, Franco, Graciela, Fernando. Nombres. Tan sólo algunos nombres de los que, sin pensarlo, se transformaron en las caras heroicas de la triste y trágica jornada.

JUAN PABLO RUIZ VILLOLDO

 
Juan Pablo, con el kayak con el que salvó a varios chicos del barrio. Foto: LA NACION / Silvana Colombo
Un salvador de vidas en el arroyo El Gato
Arrancó temprano con la bici para ir a buscar a su padre y dejarlo seguro en su casa de 6 y 512. Después, agarró su kayak, ese de 3,20 centímetros con el que sale a remar todos los domingos, y se fue para el "fondo", ahí, a la orilla del arroyo El Gato, donde se levantan las casas más humildes de la zona y a las que la fuerza del agua más podía afectar. ¿Cuánta gente rescató durante la noche del martes y la madrugada y mediodía del miércoles? Juan Pablo Ruiz Villoldo (45), o "El Brujo", como lo conocen en Ringuelet, sonríe, y dice que no tiene idea de cuánta gente fue. Sólo sabe que tuvo que cortar a las 14 del miércoles por la hipotermia. "Estaba hacía horas sin comer, muerto de frío y con las piernas negras", dice, mientras saluda con el nombre a cada uno de los clientes que entran al polirrubro que tiene sobre la avenida 7.
Un palo de escoba para marcar el camino y evitar peligros en una mano, la otra tirando de la soga de un metro y medio. Los chicos arriba del kayak y los padres a los costados por si alguno de los pequeños perdía el equilibrio. "La correntada era tan fuerte que se armaban cascadas en las esquinas. Por momentos el agua me llegaba al cuello", cuenta Juan Pablo, que una vez rescatados los llevaba, con Jorge, un vecino que sumó otro kayak, hasta la delegación municipal que hay sobre la 7, o hasta el club de Ringuelet donde también recibían evacuados.
En las idas y venidas se topó con mucha gente que no quería dejar las casas: las mujeres y los niños aceptaban irse con él, pero los padres, generalmente, quedaban arriba de los techos de las casas para quedarse a cuidar los pocos bienes materiales que les quedaban.
"En un momento pregunté qué hora era y me dijeron que las 5.50. No podía creerlo", cuenta. Él no se considera un héroe. Dice que lo hizo porque cuando vivía en el barrio El Rincón, ahí en La Plata, estaba acostumbrado a que se inundara y a salir con el kayak a ayudar a la gente. Pero después de esta inundación no son pocos los que se acercan a ofrecerle plata -que él no acepta- e incluso comida por lo que él hizo por ellos.
Pero el momento que al recordarlo aún lo conmueve es cuando se le dio vuelta el kayak con una beba de un mes de vida y su madre de unos quince, ahí a su lado: "Yo tiraba de adelante y el ruido del agua era tan ensordecedor en las esquinas que no escuchaba nada. Fueron los que caminaban al costado que agarraron al bebe".
Y hubo otro también en que creyó que no salía. "No me daba el cuerpo y sólo tenía las piernas para hacer fuerza -relata-. Llevaba una nena de cinco años sobre los hombros. La correntada era muy fuerte. Y las piernas se me durmieron. Nunca me había pasado. Y ahí dije: «Dios ayudame » . Fue algo sobrenatural. Seguí adelante. Si no le pedía a Dios que me ayudara, esa vez no llegaba."
Por Fernando Massa

FERNANDO VAGLIATI

 
Graciela Obregón y su marido, Fernando, en medio de las tareas de limpieza. Foto: LA NACION / Silvana Colombo
Evitó la muerte segura de dos ancianos
Ya había oscurecido cuando la camioneta 4x4 se quedó varada frente a su casa, en medio del ancho río en que se había convertido la calle 526, en Tolosa. Desde la ventana, Fernando Vagliati (46) y Graciela Obregón (44) veían pasar los minutos y subir el agua, tanto que el auto ya flotaba, pero su conductor no se había movido. "¿Estará vivo?", le preguntó Fernando a su esposa. "Sí, tiene que estar vivo -dijo ella-. El vidrio de adelante está empañado, tiene que estar respirando." Como las señas que le hicieron no alcanzaron para que el hombre se bajara del auto, Fernando se decidió. Para su sorpresa, la puerta del auto abrió con facilidad y lograron llevarlo hasta la casa. Resultó ser un conocido médico de La Plata. Le dieron un toallón, una muda de ropa limpia y lo refugiaron en el piso de arriba de la casa.
Al rato, Graciela empezó a escuchar un susurro: "Fernando, Fernando". Entre tanto nerviosismo, lo primero en que pensó ella fue en los padres de él, ya fallecidos. Detrás del ruido de la lluvia, los murmullos persistían. Abrió entonces un ventiluz que da al patio trasero y se dio cuenta de que los llamados venían de la casa de atrás, de los Ferrara, una pareja de italianos de 86 y 87 años.
Otra vez, Fernando no dudó. Salió por una ventana del lavadero, en el primer piso, a una especie de balcón que da al patio. No se veía nada. Sólo distinguía una especie de pileta que se había armado en ambos patios. Caminó por la cornisa de la medianera, rompió una lona para el sol que protege el patio de los vecinos y... ahí se quedó, en cuclillas sobre la medianera sin saber cómo seguir. Era la desesperación. ¿Y si el agua estaba electrificada? ¿Y dónde caería? Fueron unos minutos, ahí, inmóvil. Pero se tiró al agua. Y enseguida vio las rejas que daban al patio cerradas. Por ese lado, sería imposible entrar. Todavía no sabe de dónde sacó la fuerza y el ímpetu para trepar de nuevo la medianera y volver a su casa. Ahí decidieron con Graciela ir a buscarlos juntos por la puerta de adelante: caminar hasta la esquina, dar la vuelta hasta la casa de los Ferrara y sacarlos.
"¡Necesitamos que nos ayuden a rescatar a dos ancianos!", les gritó Graciela a unos vecinos que desde el otro lado del boulevard les preguntaban qué hacían caminando pegados a la pared hasta la esquina. Se les sumó un muchacho. Por suerte, la puerta de los Ferrara estaba abierta: los encontraron parados ahí nomás, el hombre adelante, ella más atrás. Por lo que sabían, el hombre ya casi no caminaba. Ni siquiera hasta el baño. Pero la noche del martes lo encontraron fuerte, tanto que caminó junto al muchacho que se acercó a dar una mano hasta la casa de Fernando y Graciela. Fernando se ocupó de la señora, a la que tuvo que alzar para que no la tapara el agua. "Me salvaste la vida, Fernando", le repetía la señora. Él se largó a llorar.
Por Fernando Massa

GABRIEL VALENZUELA

 
Valenzuela (en primera fila, a la izquierda), junto a otros vecinos solidarios. Foto: LA NACION / Soledad Aznárez
Un raid de auxilio en moto, a caballo y en kayak
Cuando Gabriel Valenzuela se despertó de la siesta, anochecía. Por la ventana vio como llovía; pensó que el feriado estaba perdido y que lo mejor hubiera sido seguir durmiendo. Jamás imaginó la odisea que viviría en las siguientes 24 horas.
Subido en un carro tirado por un caballo y, luego, montado en una yegua; a pie; a nado; en bicicleta y, finalmente, en un kayak, rescató a toda su familia en la trágica madrugada de la inundación.
Gabriel, más conocido como "el Chino", es peluquero. Apuraba unos mates cuando empezó a recibir mensajes de texto de su cuñado, Pablo Tarantino, que estaba en 3 bis y 512, en Tolosa, con el agua entrando en su casa hasta con su mujer, su hijo y su suegra. El Chino salió en una moto con la que apenas pudo hacer diez cuadras. Tuvo que volver a su casa; cuando llegó se cruzó con Damián Rolón, un vecino que junto a otros lugareños andaba en un carro a caballo tratando de ayudar a los vecinos más afectados. Le contó lo que le pasaba y decidieron ir al rescate.
Mientras avanzaban por la calle cubierta de agua, el panorama era desolador. Desde techos y ventanas les pedían auxilio. Cuando entraron en la casa de Tarantino cfasi los aplasta un televisor que pasó flotando. Fueron alzando uno por uno a los habitantes de la casa y los subieron al carro. Lograron llevarlos varias cuadras hasta un sitio donde había tierra firme.
Luego volvieron hacia la zona anegada para intentar otro salvamento. Atados entre sí con una soga, iban Gabriel, Damián, Juan Ferres y Facundo Figueroa. El carretón flotaba y Moncholo, el caballo que tiraba de él, era arrastrado por la correntada. Decidieron regresar.
Eran las 5 cuando montado en La Obera, otra yegua que le prestaron en el barrio, el Chino intentó sin suerte llegar hasta lo de sus suegros, en 8 y 518 bis. Susana y Ángel Tarantino estaban arriba del techo, empapados y con algunos golpes en el cuerpo. Tuvo que esperar hasta las 8 que el agua bajara un poco y retornó. A pie, con sus amigos y Rubén Pierrastegui, que se había sumado, tardaron una hora y media para recorrer siete cuadras contra la corriente.
Eran las 10 y el Chino seguía dando vueltas. Junto a Cristina Resutto salió en bicicleta hacia la casa de su madre, Marta Bedecarras, en 6 entre 507 y 508. A medida que se acercaban el agua les impedía avanzar. En 7 y 505 le ofrecieron un kayak y lo tomó. Así logró rescatar a Marta.
A todos sus parientes el Chino los fue llevando a su casa, la única de la familia que se había salvado. Allí, a las 18 del miércoles, 24 horas después de empezar su raid de salvamentos, el Chino cayó rendido. "Es increíble lo que pasó -dice-. Ahora ni yo lo puedo creer, ni tuvimos en cuenta el riesgo que corrimos. La verdad salimos sin pensar nada."
Por Pablo Morosi

BRUNO CARPINETTI

 
Bruno, junto a su esposa, Lucrecia, y su bebe de tres meses. Foto: LA NACION / Silvana Colombo
Socorrió a su vecina y a su hijo discapacitado
Los veía pasar por delante de su casa. Cada vez más gente pasaba caminando por el medio de la calle 7 rumbo a lo que podía ser una trampa mortal. Bruno Carpinetti (44), biólogo y ex guardaparques, sabía que el casco urbano de La Plata drena para ese lado, pero con la Sudestada y la crecida del arroyo El Gato, esa zona de Tolosa se había transformado en una inusual olla. Pero, ¿cómo explicarle eso a quienes se dirigían hacia allá con la intención de rescatar a sus familiares?
"Esto no sucedió jamás. Ahí debía haber un cordón de seguridad que lo impidiera -dice-. Pero, claro, no había nadie. Si no hubiera existido esa solidaridad entre los platenses, esto hubiera sido doscientas veces peor". Encima cuando encendió la radio en busca de algún tipo de instrucción, como suele suceder durante las catástrofes, sólo encontró música.
Con los vecinos de la cuadra entonces se dedicaron a advertir de los peligros a la gente que caminaba hacia allá, a refugiar a quienes no podían seguir adelante y darle una mano a los autos que se quedaban empantanados, con una soga que maniobraban desde el techo de su camioneta, cubierta por el agua.
Una de las personas que acobijaron junto a su mujer, Lucrecia, en la parte de arriba de su casa, donde se resguardaban sus hijos, era una señora que caminaba calle abajo con uno de sus hijos y con la insulina para otro de ellos en la mano. La frenaron, le dijeron que entrara, y le sirvieron té. Su hijo siguió adelante para llevar la insulina a destino.
Pero en la casa de al lado tampoco la estaban pasando bien. María, la vecina, había llevado a su hijo discapacitado hasta un cuarto del fondo, alto, lejos del agua que ya les llegaba al pecho. En el esfuerzo para subirlo hasta ahí, ella se lastimó una pierna y ahí quedaron. Bruno aprovechó los techos del fondo para alcanzarles hasta su ventana leche, galletitas y ropa para que pasaran la noche.
"A las cuatro de la madrugada se cortó la luz. Desde la calle sólo se escuchaban los gritos de la gente. El panorama era tan desolador que fue el único momento en que mi hija de 16 años, que con el novio estuvieron ayudando toda la noche, se quebró. Me abrazó y me dijo ? papi, no se puede hacer más nada' . Yo le quise levantar el ánimo hasta que me dijo que si yo le decía que íbamos a estar bien, íbamos a estar bien", cuenta.
Sólo a las 9 de la mañana llegó el Ejército y la Prefectura, pero nadie del gobierno municipal o provincial. Bruno aprovechó esa presencia para volver hasta lo de su vecina. Pateó la puerta delantera, entró y la sacó a ella y a su hijo. En la pared del frente de la casa se veían impregnadas en una especie de carbonilla que traía el agua las manos de quienes durante toda la noche se habían apoyado ahí para no ser llevados por la corriente.
Por Fernando Massa

LILIANA SOSA

 
Liliana muestra el departamento donde acogió a decenas de personas. Foto: LA NACION / Silvana Colombo
La mujer que albergó en su casa a 36 vecinos
Sobre el piso sólo se veían colchones. Uno pegado al otro hasta cubrir todo el departamento del segundo nivel. Ahí, en no más de 30 metros cuadrados, Liliana Sosa y su marido, Oscar Reguerio, lograron albergar a 36 personas la noche en que las lluvias y la crecida del arroyo El Gato anegaron la zona más baja de Ringuelet.
Ya pasaron más de 48 horas desde esa fatídica noche, pero Liliana todavía no puede creer que no hubo nadie que pusiera un bote para dar una mano en esa zona, a excepción de un par de vecinos solidarios que arriesgaron la vida para salvar a otros.
"En las inundaciones de 2002, hubo unos 40 o 50 centímetros de agua y esa vez sólo nos tocó a la gente más humilde. Pero ésta nos tocó a todos los platenses. Acá en el barrio hubo más de veinte muertos y hay chicos del barrio todavía desaparecidos", cuenta a LA NACION en su casa a orillas del arroyo, donde se suele entregar una copa de leche a los niños del barrio.
"Estábamos viendo en la tele lo que había pasado en la Capital. Y pensamos que esta vez no nos tocaba -cuenta Liliana-. Pero cuando el arroyo crece, a veces, ni te das cuenta. Llovía y no paraba. Y ahí dijimos: «Estamos fritos »."
Lo primero que hicieron con su marido, un referente social en el barrio, fue buscar a sus hijos para reunirlos en la casa. Ya entre las 19 y las 20, el agua había entrado en todas las habitaciones y cada vez crecía más. Encima, debían mantenerse atentos a que no se metiese alguien en la casa para aprovechar la situación y llevarse algo.
"Cuando el agua nos llegó a las rodillas, decidimos salir hasta el geriátrico que queda acá a una cuadra, en 3 bis y 513, para ayudar a los viejos. Sacamos a tres y los subimos hasta un departamento que estamos terminando para alquilar que queda ahí a unos metros del geriátrico. Era complicado porque el agua te llevaba...", cuenta. Ahora Liliana siente las consecuencias del esfuerzo: le duele bastante el cuerpo de la cintura para abajo.
Al ver el tamaño del departamento cuesta entender cómo pudieron albergar a tantas personas. Sin embargo, ante la desesperación de la crisis se arreglaron sin problemas. Liliana lo muestra en una foto que sacó con su celular: en el piso se ven desplegados todos los colchones y cada uno de los refugiados ocupa un rincón. Fueron pocos los que pudieron dormir.
Recién a las 11 de la mañana del miércoles, cuando bajó el agua, pudieron devolver a los ancianos al geriátrico. Necesitaban con urgencia atención: habían pasado una noche sin poder cambiarse los pañales, ni higienizarse, sin su medicación y sin comida.
"Yo lo que agradezco -dice Liliana- es que la familia nuestra está bien y que no tuvimos que lamentar víctimas fatales. Lo demás es todo tan triste..."
Fernando Massa

GERARDO D'ONOFRIO

 
Gerardo (der.), junto a Franco Lombardo, su vecino de Tolosa. Foto: LA NACION / Silvana Colombo
"Si nos moríamos, nos moríamos los ocho"
Si nos moríamos, nos moríamos los ocho juntos", dice Gerardo D'Onofrio (36), en la puerta de la casa de sus padres, sobre la calle 526, en Tolosa. Ya habían pasado más de dos días de la gran inundación y junto con su hermano Adrián seguían trabajando para dejar todo en las mejores condiciones posibles luego del desastre.
Gerardo había llegado el martes a la casa de sus padres. Al día siguiente, salía de vacaciones rumbo a Brasil y su madre, Delia (72), le iba a dar una mano para dejar lista la ropa que llevaba. Él estaba viendo al Barcelona cuando se largó a llover en La Plata. Y desde que arrancó no paró. Con la lluvia, el agua empezó a crecer y crecer. Cuando comenzó a entrar en la casa, la primera idea para que sus padres no quedaran en el agua fue subirlos a una mesada de la cocina. Pero el agua no dejaba de subir y después de una hora ahí arriba tuvieron que pensar en un punto más alto dentro de la casa: un tanque de gas situado en un rincón del quincho.
"Saqué a mi madre de la cocina y la llevé hasta ahí arriba. La subimos con una escalera para que no se quedara adentro del agua. Pero cuando quise volver a entrar a la casa no pude porque la heladera se había caído y quedó atravesada detrás de la puerta. Tuve que entrar a las patadas", cuenta Gerardo.
Mientras, en la casa de al lado, Franco Lombardo y su hijo Lucas, de 18 años, ya habían ido a buscar a la abuela que vive a la vuelta para refugiarla dentro de su casa, un poco más alta que las demás. Los Lombardo y los D'onofrio no dejaron de mantenerse en contacto en toda la noche. Gracias a eso, cuando el nivel del agua se volvió imposible para quedarse en casa, los D'Onofrio le pidieron una mano a Franco para que los fuera a buscar.
Esta vez Franco quiso ir solo: el agua le llegaba al pecho, se veía poco y nada y la corriente sobre la 526 tiraba cada vez más. Cuando llegó a lo de los D'Onofrio, se dio cuenta de que la pareja no quería irse: claro, temían dejar su casa sola. Entre Gerardo y él los convencieron.
En lo de los Lombardo se sumaron ocho personas en total. Los ocho arriba de una mesa hexagonal, y cuando era necesario poner a alguien más alto, sumaban sillones para ganar altura.
"Fue la noche más larga de mi vida, pensaba que habían pasado tres horas, miraba el reloj y habían pasado sólo diez minutos", cuenta Franco. Y coincide con Gerardo en que ningún representante del Estado les tocó el timbre para preguntarles si necesitaban algo. Hoy está convencido de que si no se ayudaban entre ellos, no pasaban de esa noche.
Sólo a las 10 del miércoles apareció la Prefectura. Gerardo subió a sus padres al bote y cuando se alejaban, se dio cuenta de que estaban llorando. "Pero lo más importante es que estamos vivos", dice.
Por Fernando Massa

LUIS DE LUCA

 
Luis De Luca y su hijo Gustavo se pasaron la noche rescatando gente. Foto: LA NACION / Silvana Colombo
"Si no éramos nosotros, no sé qué hubiera pasado"
Apenas terminó de cortarle el pelo a un chico, en su local situado en una esquina de la calle 7, en Ringuelet, Luis De Luca (60) se acomodó en un rincón y recordó las escenas que más lo impactaron durante esa noche. Esa larga noche que, junto con su hijo, un sobrino y el cuñado de éste, rescató con su gomón a unas 30 o 40 personas de las inundaciones que arrasaron La Plata. "Vi rostros que no quisiera volver a ver -dice-. De todo esto no me olvido más."
Luis nació en la zona. La conoce bien. Está seguro de que lo que más la complicó no fue sólo el agua de lluvia que bajó desde la ciudad, sino también la sudestada que se levantó sumado a la crecida del arroyo. Por eso apenas se dio cuenta de esta situación fue hasta el garaje de su casa a buscar el gomón de 430 y motor de 15 caballos de fuerza con el que ese mismo fin de semana largo había ido a pescar. Al primero que subió fue a su padre, que está por cumplir los 92 años y que como él previó, se negaba a dejar su casa. Costó convencerlo.
En la recorrida por las calles del barrio, todas convertidas en canales, encontraron gente pidiendo ayuda sentada sobre los techos de sus casas o gritando desde las ventanas. A los que rescataban, los iban llevando a los dos puntos más cercanos donde recibían a evacuados. Pero hay imágenes que lo golpearon más. La de una anciana del geriátrico que "si la tocaban se rompía toda" y a la que tuvieron que trasladar en la caja de una camioneta que se movía demasiado. Otra anciana con la cadera rota, otra que estaba postrada en una cama... Y en ese momento fue que Gustavo, el hijo de Luis, se preguntó dónde estaba la gente que sabe manejar personas en esa situación delicada.
Para alcanzar a quienes se refugiaban en los techos, arrimaban el bote lo más posible a las puertas, rejas o garajes. Como sucedió esa noche en distintos puntos de La Plata, muchos padres de familia elegían quedarse ahí arriba para cuidar las casas. Como lo decidió el padre de una beba de dos meses y una niña de unos cinco años que junto con su mujer habían subido hasta un altillo para protegerse de la crecida.
"Habremos rescatado con el gomón entre 30 o 40 personas y entre los tres gomones que andábamos por la zona unas 100. Pero no hubo nadie más -dice Luis-. Si no éramos nosotros, honestamente, no sé qué hubiera pasado. Lo que se ve hoy es que no estamos preparados para estos desastres."
Pero cuando vuelve a hablar de ese bote que salvó tantas vidas la noche del martes, Luis no puede ocultar un detalle que para él significa mucho: hace dos años se lo regaló su esposa, que falleció repentinamente el año pasado. Y ahora cree comprender del todo el porqué de ese regalo.
Por Fernando Massa

EMILIANO MÉNDEZ

 
Emiliano, con su hijo en brazos, junto a Gustavo Montero, otro héroe. Foto: LA NACION / Rodrigo Néspolo
Se ató a una manguera para salvar vidas
"Auxilio. Soy un nene. Estoy mojado. Tengo hambre y frío!" Bajo una lluvia torrencial, Emiliano Méndez (30) escuchó estos gritos desesperados. A la distancia podía oír también los gritos de socorro de un hombre mayor. Entonces no sabía que eran un abuelo, Jorge (74), con su nieto, Agustín (8), ambos arrastrados por la furiosa correntada.
En la calle, el agua acumulada ya superaba los dos metros de alto. Las voces del niño y de su abuelo llegaban desde la esquina, a unos 50 metros del edificio de cinco pisos donde vive Emiliano. El muchacho no lo dudó. Buscó la manguera para apagar incendios situada junto al matafuegos de su edificio, se la ató a la cintura y salió al rescate por entre los balcones y los techos vecinos. Pasó primero por entre las rejas de casa pegada a su edificio, donde vive Gustavo Montero (37). El hombre, trabajador de Astilleros Río Santiago, se unió al improvisado rescate. Los dos se treparon a los techos y se descolgaron en la esquina de 26 y 36 donde el agua corría, calle abajo, con furia letal.
Allí, trepado sobre las rejas de la ventana de una casa, estaba Agustín, el niño que podía auxilio. En frente, a unos pocos pasos imposibles de dar, Jorge se aferraba al tronco de un árbol. Abuelo y nieto habían sido arrastrados unos 200 metros desde la esquina de la calle 36 y 28.
Habían salido juntos, tomados de la mano, para intentar llegar a la casa de Mariana, hija de Jorge y mamá del pequeño. "Voy a cruzar a mi nieto o nos vamos a hogar los dos", había dicho el abuelo. Jorge se proponía cruzar la calle y caminar unos cien metros hasta la casa de su hija. Pero no pudo. La fuerza del agua lo llevó dos cuadras calle abajo, donde Emiliano lo encontró aferrado a un árbol.
Los dos valientes rescatistas alcanzaron al niño, que, trepado a la ventana, estaba cubierto por el agua hasta el cuello. Lo empujaron para arriba y lo llevaron por los techos hasta la casa de un vecino, donde el niño pasó la noche.
Después de salvar la vida del pequeño, los rescatistas volvieron a la esquina donde permanecía el abuelo. Oyeron gritos. "¡No puedo más...!"
"El hombre se nos fue", dijo más tarde Emiliano. Luego de la tormenta, Jorge fue hallado varias calles abajo, sin vida.
En las primeras horas del miércoles, Agustín fue llevado por los vecinos que le dieron asilo durante la noche a la casa de su mamá. Ésta permanecía estática, en estado de shock. Estaba feliz de encontrar a su hijo. Y conmocionada por la ausencia, ya irremediable, de su padre.
Emiliano, herido en un pie, estaba profundamente turbado por no haber podido "agarrar" al anciano. Pero fue un héroe que salvó la vida de su nieto.
Por María José Lucesole.
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